El sustanciero - Pozo Cañada

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viernes, 23 de octubre de 2026

El sustanciero



En la España de la posguerra, cuando muchas familias apenas podían permitirse comprar carne, existía un oficio ambulante tan curioso como revelador de aquella época: el sustanciero.

Recorría las calles ofreciendo algo que hoy podría parecer insólito: un hueso de jamón o de tocino que las familias podían utilizar durante unos minutos para dar sabor al puchero. Después, el hueso volvía a manos del vendedor, listo para visitar otra cocina.

El servicio se pagaba por una pequeña cantidad de dinero y permitía que los hogares con pocos recursos añadieran al caldo parte del aroma y el sabor que normalmente aportaba la carne. En algunas zonas del norte de España, esta práctica quedó especialmente presente en la memoria popular.


El sustanciero anunciaba su llegada por las calles y las familias que no podían comprar un hueso propio aprovechaban la oportunidad para preparar un caldo con más sabor. Era una solución sencilla nacida de la necesidad, en una época en la que cada moneda y cada alimento contaban.

Hoy cuesta imaginar que alguien pudiera alquilar un hueso para cocinar, pero aquel oficio recuerda hasta qué punto la escasez obligaba a buscar alternativas para llevar algo de sabor a la mesa.

¿Habías oído hablar alguna vez del sustanciero, o es la primera vez que descubres este oficio de la España de posguerra?


 





















©Pedro Pablo Romero Soriano RS


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